






Mucho origami y muchas flores. Así fue pasando el verano. Solo que la aljaba y el cactus amarillo no sobrevivieron a los bichos. Las demás siguen tan buenas conmigo. El lirio dio no uno, sino tres de esas magníficas y atrapantes flores azules, durante tres días seguidos, flores de un día nomás. Como verán por la profusión de caracoles de papel, aprendí en una clase en la Papelera Palermo y desde entonces, no he parado. La flor de nácar está en la segunda ronda de flores. El dragón fue un regalo de cumple a un querido amigo draconiano, los anotadores también para una amiga que se iba de viaje y necesitaba llevar su lista de compra de libros a mano.
Ah, y por supuesto, voy haciendo caracolas cada vez más chicas -no puedo resistirme-, ya llegué a una de unos cuatro centímetros con papel de un chocolate. Prometo foto pronto.
¿Qué traerá el otoño?, me pregunto.





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